La historia de Refilo no arranca con una “idea millonaria”, sino con algo mucho más real: la inquietud genuina de un joven de 24 años que sabía que quería emprender, pero todavía estaba buscando el producto correcto.
Nehuén es de Gualeguaychú, Entre Ríos. Estudió Economía Empresarial en Buenos Aires y, desde muy temprano, tuvo claro que su camino no iba a ser únicamente corporativo. Durante la pandemia empezó a consumir contenido de e-commerce, a investigar modelos de negocio y a formarse. No desde la teoría pura, sino desde la prueba y el error.
Su primer proyecto fue una marca de mates, creada junto a un compañero de la facultad. Vendían por Instagram, aprendieron a usar Meta Ads, armaron una tienda online y lograron ventas constantes durante casi dos años. No fue un negocio rentable, pero fue una escuela real: entender publicidad, armado de marca, tiendas online, atención al cliente y, sobre todo, lo que significa vender un producto físico en Argentina.
Cuando ese proyecto se estancó, Nehuén no abandonó la idea de emprender. Trabajó en un banco, pasó por una agencia de marketing y, en paralelo, siguió buscando productos. Durante casi un año analizó opciones hasta que encontró algo clave: un producto que encajaba con su estilo de vida y resolvía un problema concreto.
Así nació Refilo.
El producto era un afilador de cuchillos innovador, fácil de usar, pensado para personas que disfrutan del asado, la pesca y la cocina, pero que no saben —o no quieren— afilar con piedra. No existía prácticamente en Argentina. La demanda estaba afuera. El desafío era traerlo, validarlo y escalarlo.
Las primeras unidades las consiguió de manera casi artesanal: encontró a un importador en Mercado Libre que tenía stock parado, compró un pequeño lote y lo probó. Se vendió todo. Ahí confirmó algo clave: había mercado real.
El problema apareció rápido: no había más stock en el país y Nehuén no sabía importar.
Sin capital, sin experiencia y con apenas ahorros, tomó una de las decisiones más difíciles del proceso: empezar en negativo, apalancándose en ayuda familiar y un pequeño préstamo bancario, pero con la certeza de que la demanda ya estaba validada.
Nehuén ya conocía Ecodiem desde hacía años. Había consumido contenido, hecho cursos y visto decenas de casos de éxito mientras todavía no tenía su proyecto propio. Cuando Refilo empezó a despegar, no dudó.
Entró al Programa Acelerador de Ecommerce (PAE) en junio, cuando el negocio ya estaba validado, pero enfrentaba el verdadero desafío: crecer sin romperse.
Desde el inicio, el foco fue claro:
Uno de los grandes puntos de quiebre fue el cambio de mentalidad. Pasar de “vendo porque Meta vende” a entender que el negocio tenía techos operativos: primero la demanda, después la operación, después la rentabilidad… y volver a empezar.
“El PAE me ordenó la cabeza y el negocio. Pasé de levantarme y ver ‘qué hacía hoy’ a tener todo planificado.”
Nehuen | Fundador de Refilo
En el PAE, Refilo dejó de operar “día a día” para empezar a trabajar con:
Uno de los mayores impactos fue el email marketing, un canal que Nehuén subestimaba y que terminó convirtiéndose en uno de los pilares más rentables del negocio, permitiendo monetizar clientes ya adquiridos y reducir la dependencia exclusiva de la pauta paga.
Los resultados no tardaron en llegar, pero no fueron mágicos: fueron consecuencia de decisiones estratégicas bien ejecutadas.
“Si alguien está dudando, le diría que actúe. Que se case con una metodología y avance. Mirar desde afuera no te cambia nada.”
Nehuen | Fundador de Refilo
Incluso atravesando momentos críticos —caídas fuertes de ROAS, cambios macroeconómicos, competencia de gigantes como Shein o Temu, demoras en importaciones— el negocio se mantuvo rentable y operativo, porque estaba preparado para que esas cosas pasen.
Refilo no es solo una historia de ventas. Es una historia de maduración empresarial acelerada.
En menos de un año, Nehuén pasó de ser un emprendedor solo en su pieza a liderar una marca nacional, con procesos, planificación, equipo y una visión clara de largo plazo. Aprendió que vender no es suficiente: hay que sostener, escalar, ordenar y pensar estratégicamente.
El Programa Acelerador de Ecommerce fue el marco que permitió transformar energía y ganas en un negocio real, con números concretos, decisiones conscientes y capacidad de adaptación constante.
Hoy Refilo no depende de un producto “de moda”. Tiene marca, base de clientes, recompra, sistemas y una estructura pensada para crecer.
Y eso, en el contexto actual del e-commerce argentino, es el verdadero éxito.