Caso de Éxito PAE

De vender por WhatsApp a superar los USD 150.000 por mes: cómo Padel Lab se convirtió en una de las tiendas de pádel líderes de Argentina

Marca | PADEL LAB

Índice de la entrevista

Inicios del proyecto

Hace poco más de un año, Padel Lab ni siquiera tenía tienda online.

Ignacio Merlo, su fundador, era profesor de pádel y había empezado a vender paletas directamente por WhatsApp. El negocio funcionaba, pero había un problema evidente: todas las ventas dependían de él. Cada consulta, cada recomendación y cada cierre pasaban por su teléfono.

La demanda crecía y las manos ya no alcanzaban.

Ese fue el punto de partida de un proceso que, en poco más de un año, transformó por completo el negocio.

Después de comenzar a trabajar junto al Programa Acelerador de Ecommerce (PAE) de Ecodiem y Everest Media, Padel Lab lanzó su tienda online y consiguió alcanzar un promedio cercano a los USD 50.000 mensuales durante sus primeros cinco meses de ecommerce.

Pero ese fue solamente el comienzo.

Durante el año siguiente, la marca continuó profesionalizándose, fortaleció su posicionamiento, incorporó procesos, desarrolló nuevas relaciones con proveedores y empezó a automatizar áreas completas de la operación.

Hoy, Padel Lab mantiene una facturación superior a los USD 150.000 mensuales, alcanzó picos cercanos a los USD 200.000 en un solo mes y procesa más de 500 pedidos mensuales con un equipo interno de apenas cinco personas y buena parte de la operación tercerizada o automatizada.

La historia ya no es solamente la de un ecommerce que creció.

Es la de un emprendedor que pasó de vender personalmente por WhatsApp a construir una empresa diseñada para escalar.

Los inicios: vender paletas desde WhatsApp

Cuando Ignacio empezó, la estructura era mínima.

Era profesor de pádel, conocía profundamente el deporte y entendía qué necesitaban los jugadores. Esa cercanía con el cliente se convirtió naturalmente en una oportunidad comercial.

Empezó vendiendo paletas por WhatsApp.

Y funcionó.

Su conocimiento técnico generaba confianza. Los clientes no hablaban con un vendedor tradicional, sino con alguien que podía escuchar cómo jugaban, qué buscaban y recomendarles realmente qué paleta tenía sentido comprar.

El problema apareció cuando las ventas comenzaron a crecer.

El mismo diferencial que había permitido validar el negocio empezó a convertirse en su principal cuello de botella.

Todo dependía de Ignacio.

No había ecommerce. No había un sistema escalable. Cada cliente necesitaba una conversación.

Cuando llegó al PAE, el desafío era justamente transformar esa dinámica en una estructura capaz de vender sin que él tuviera que estar detrás de cada operación.

La tienda se lanzó y, en los primeros cinco meses, alcanzó una facturación promedio cercana a los USD 50.000 mensuales.

Era un primer gran salto.

Pero todavía quedaba mucho por construir.

De USD 50.000 a más de USD 150.000 mensuales

Un año después, la fotografía del negocio era completamente distinta.

Padel Lab había pasado de prácticamente no tener ecommerce a convertirse, según la información compartida en la entrevista, en la tienda de pádel número uno dentro de Tiendanube en Argentina, con una facturación habitual superior a los USD 150.000 mensuales y picos cercanos a los USD 200.000.

El volumen también se trasladó a la operación: en los últimos meses, la marca procesó más de 500 pedidos mensuales.

Pero Ignacio identifica un cambio todavía más importante que los números.

Cambió él.

“Me siento mucho más preparado, con mucho más conocimiento y mucha más experiencia.”

Antes, una mala jornada de ventas podía generar ansiedad inmediata. Si Meta Ads gastaba más de lo esperado durante algunos días, aparecía rápidamente la sensación de que algo se había roto.

Hoy la lectura es diferente.

Ignacio entiende que el crecimiento no es lineal. Sabe que puede existir un fin de semana más flojo, un cambio de demanda o una campaña que temporalmente pierda eficiencia sin que eso implique necesariamente una crisis.

La urgencia sigue existiendo.

Pero ahora está acompañada por experiencia.

Antes: competir por precio. Después: competir por marca

Uno de los cambios más interesantes ocurrió en la forma de interpretar la competencia.

Durante las primeras etapas del negocio, Ignacio prestaba mucha atención a cuánto vendían las mismas paletas otras tiendas. Si un competidor estaba $10.000 o $20.000 más barato, aparecía rápidamente la tentación de igualarlo.

Con el tiempo entendió que esa no era la principal variable de decisión.

Padel Lab había construido algo mucho más difícil de copiar: marca y confianza.

“Capaz otra tienda tiene veinte mil pesos más barata una paleta, pero le llega a diez personas y yo le llego a cien.”

A eso se suma otro elemento fundamental: la figura de Ignacio.

La audiencia lo conoce, lo escucha hablar de pádel, ve sus recomendaciones y entiende que detrás de la tienda existe alguien con conocimiento real del deporte.

Por eso el cliente no compara únicamente precio.

Compara confianza.

Una paleta puede valer algo más en Padel Lab, pero el comprador siente que tiene menos posibilidades de equivocarse, recibir una recomendación incorrecta o encontrarse sin respuesta si tiene un problema.

“Nosotros no solamente traccionamos mucha gente, sino que esa mucha gente ya me conoce a mí. Llegan a la marca sabiendo que Padel Lab es Padel Lab.”

Esa construcción terminó convirtiéndose en una ventaja competitiva difícil de replicar.

Antes del crecimiento: una persona. Hoy: cinco y una estructura liviana

Cuando Padel Lab comenzó esta etapa, Ignacio estaba prácticamente solo.

Hoy el equipo interno está compuesto por cinco personas, además de servicios externos y una operación logística tercerizada.

El crecimiento del equipo no ocurrió contratando gente indiscriminadamente.

Cada incorporación respondió a un cuello de botella específico.

Las primeras tareas que Ignacio entendió que debía dejar fueron la preparación de pedidos y la gestión de reclamos de posventa.

Preparar paquetes consumía tiempo y energía. La posventa, por su parte, era un área demasiado importante para manejarla de manera improvisada.

Se incorporaron personas para esas funciones y posteriormente la logística pasó a un modelo de fulfillment.

Ese cambio fue decisivo.

Padel Lab dejó de almacenar cientos de paletas en una casa, eliminó buena parte del trabajo manual de preparación y consiguió mejorar los tiempos de despacho.

Ignacio define la sensación de una manera sencilla:

“Sentí un alivio. Es enviar el pedido y olvidarte.”

La decisión permitió convertir un cuello de botella operativo en una función especializada en manos de una empresa dedicada exclusivamente a logística.

Y liberó a Ignacio para concentrarse en aquello que realmente genera crecimiento.

El rol del fundador: cada vez menos operación, cada vez más impacto

El diseño de la empresa fue evolucionando alrededor de una pregunta: ¿dónde genera Ignacio el mayor valor?

La respuesta apareció muy rápido.

No era preparando paquetes.

Tampoco cargando productos en Tiendanube o revisando manualmente cada venta.

Su principal palanca estaba en el contenido, la negociación con proveedores, el análisis y las decisiones estratégicas.

Por eso, a medida que el negocio fue creciendo, comenzó a delegar operaciones.

Hoy dedica alrededor de dos o tres horas semanales a grabar contenido. El equipo se ocupa de la edición y la distribución.

En contenido orgánico, Padel Lab publica aproximadamente tres piezas por semana. Al mismo tiempo, mantiene entre 70 y 100 anuncios activos, dependiendo de la temporada y de los eventos comerciales.

La lógica dejó de ser producir por producir.

El objetivo pasó a ser sostener lo que Ignacio define como una combinación entre cantidad y calidad.

Más contenido solo tiene sentido mientras no perjudique la calidad.

El cuello de botella del stock: crecer también es aprender a negociar

En determinado momento apareció otro problema.

La demanda existía.

Pero Padel Lab no tenía suficiente stock para aprovecharla.

Había dos limitaciones: algunos proveedores no tenían disponibilidad y, aunque la demanda justificara comprar más, la empresa tampoco contaba siempre con el capital necesario para adquirir todo el inventario que podía llegar a vender.

La solución fue construir relaciones mucho más profundas con los proveedores.

Ignacio empezó a plantearlos casi como socios estratégicos.

Negoció financiación, cheques, plazos y diferentes mecanismos que permitieran sostener el crecimiento.

“Una de las cosas más importantes del negocio es mi relación con los proveedores. Los veo más como socios que como alguien que me está vendiendo algo.”

La construcción de marca volvió a jugar un papel central.

Padel Lab ya no era solamente otro cliente que compraba productos.

Era una plataforma capaz de generar demanda.

Ignacio aparecía en contenidos, recomendaba productos y llegaba a una audiencia especializada. Eso también generaba valor para las marcas proveedoras.

Actualmente, Padel Lab se encuentra entre los principales clientes de varias de las grandes marcas del rubro. En algunas ocupa el primer lugar; en otras, el segundo o tercero.

De vender por WhatsApp a automatizar ventas con inteligencia artificial

Probablemente ninguna transformación sintetice mejor la evolución de Padel Lab que lo ocurrido con WhatsApp.

El negocio nació allí.

Al principio, todas las ventas dependían de Ignacio respondiendo personalmente.

Hoy buena parte de esa función está automatizada mediante un agente de inteligencia artificial.

El sistema puede responder consultas, recomendar productos, cerrar ventas y realizar seguimientos.

Si una persona escribe un domingo a las tres de la mañana preguntando qué paleta debería comprar para empezar a jugar, el agente puede conversar con ella, realizar preguntas, interpretar incluso audios y guiarla hacia una recomendación.

También existen automatizaciones posteriores a la compra.

El cliente puede recibir confirmación, información de despacho y comunicaciones posteriores para conocer su experiencia o recomendar productos complementarios.

Por ejemplo, una persona que compró una paleta puede recibir días después una comunicación ofreciéndole zapatillas. Más adelante, puede recibir una solicitud de reseña.

No fue automático.

Durante uno o dos meses, Ignacio tuvo que entrenar el sistema, corregir respuestas y ajustar instrucciones.

“No es algo que te olvidás. Tenés que estar mirando, porque siempre aparece un caso nuevo.”

La diferencia es que hoy una función que alguna vez dependió completamente del fundador puede funcionar las 24 horas.

La crisis que obligó a cambiar el nombre

El crecimiento también trajo uno de los momentos más difíciles de la historia de la marca.

Padel Lab originalmente se llamaba Padel Point.

Cuando Ignacio comenzó, encontró que ya existía una empresa con ese nombre en España, pero en aquel momento el emprendimiento era muy pequeño y no imaginaba hasta dónde podía llegar.

La marca creció.

Y apareció el problema.

La empresa española registró el nombre en Argentina y comenzaron a llegar intimaciones para que dejara de utilizarlo.

La situación escaló todavía más cuando la cuenta de Instagram recibió miles de seguidores falsos en pocos minutos y hubo movimientos extraños que pusieron en riesgo uno de los principales activos del negocio.

“Fue el único momento malo de mi negocio. El activo principal era la marca. Que corriera riesgo Instagram era todo.”

Había dos caminos: entrar en una disputa legal o cambiar la marca.

Ignacio eligió avanzar.

Así apareció Padel Lab.

El rebranding, trabajado junto al equipo, terminó convirtiéndose en una oportunidad.

El nuevo nombre representaba mejor lo que la empresa estaba construyendo: no solamente un punto de venta, sino un espacio de experimentación, conocimiento y autoridad dentro del universo del pádel.

“Padel Lab hoy es más un laboratorio que un punto de venta.”

Lo que comenzó como una crisis terminó fortaleciendo la identidad de la empresa.

Resultados: de vender solo por WhatsApp a superar los USD 150.000 mensuales

En poco más de un año, la transformación de Padel Lab puede resumirse en algunos números y cambios concretos:

  • Pasó de no tener tienda online a construir uno de los ecommerce de pádel de mayor volumen del país.
  • Alcanzó aproximadamente USD 50.000 mensuales promedio durante los primeros cinco meses de ecommerce.
  • Posteriormente superó los USD 150.000 mensuales de manera sostenida.
  • Llegó a registrar picos cercanos a los USD 200.000 en un mes.
  • Procesa actualmente más de 500 pedidos mensuales.
  • Pasó de una estructura compuesta prácticamente solo por Ignacio a un equipo interno de cinco personas, manteniendo una organización compacta.
  • Tercerizó la logística mediante fulfillment.
  • Automatizó gran parte de la atención y venta por WhatsApp utilizando inteligencia artificial.
  • Mantiene entre 70 y 100 anuncios activos, dependiendo de eventos y estacionalidad.
  • Construyó relaciones estratégicas con proveedores hasta convertirse en uno de los principales clientes de varias marcas.
  • Atravesó un rebranding completo y transformó Padel Point en Padel Lab, fortaleciendo su posicionamiento.

Conclusiones: crecer sin construir una empresa imposible de sostener

La evolución de Padel Lab muestra algo que va más allá del crecimiento en facturación.

En poco más de un año, Ignacio fue eliminando progresivamente cada tarea que podía convertirse en un techo.

Primero dejó de depender exclusivamente de WhatsApp para vender.

Después resolvió la preparación de pedidos.

Más tarde tercerizó la logística.

Construyó relaciones más profundas con proveedores para financiar crecimiento.

Incorporó personas para tareas operativas.

Automatizó atención y ventas.

Y fue reservando su tiempo para aquellas actividades donde su intervención genera mayor retorno: contenido, estrategia, análisis, acuerdos y construcción de marca.

Ese proceso explica cómo una empresa que factura habitualmente más de USD 150.000 mensuales puede mantener una estructura interna de apenas cinco personas.

No se trata únicamente de crecer.

Se trata de diseñar una empresa capaz de soportar ese crecimiento.

Hoy Ignacio reconoce que continúa teniendo miedos: que cambie el mercado, que aparezcan nuevos competidores, que se complique la importación o simplemente tomar una mala decisión.

Pero hay algo que cambió.

“Lo que pase, de alguna forma lo voy a resolver.”

Esa confianza no proviene de pensar que nada puede salir mal.

Proviene de haber atravesado problemas, resolverlos y construir conocimiento en el proceso.

Hace poco más de un año, Padel Lab era un profesor de pádel vendiendo paletas por WhatsApp.

Hoy es una empresa que supera los USD 150.000 mensuales, alcanzó picos cercanos a USD 200.000, procesa más de 500 pedidos por mes y sigue construyendo su próxima etapa de crecimiento.

La diferencia no fue solamente vender más.

Fue transformar cada nuevo límite del negocio en un sistema capaz de superarlo.

Índice de la entrevista

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