La Fontana Deco nació hace 14 años de una combinación de intuición, creatividad y una obsesión de su fundadora, Romina, por desarrollar productos diferentes. Durante mucho tiempo fue un proyecto construido a pulmón: un pequeño local, años buscando proveedores y talleres capaces de fabricar lo que ella imaginaba y una apuesta permanente por lo artesanal.
La pandemia estuvo a punto de terminar con esa historia. Con el local cerrado y el negocio prácticamente fundido, Romina llevó todo a su casa y encontró en Instagram una forma de seguir adelante. Empezó a hacer vivos, mostrar cómo ambientaba los espacios y enseñar algo que después se convertiría en una parte central de la identidad de La Fontana: cómo transformar una habitación en un lugar de calma y bienestar.
Así nació también un personaje que hoy muchos reconocen inmediatamente en redes: “la chica que hace la cama”.
El crecimiento orgánico permitió construir una comunidad muy fuerte. Sin embargo, algunos años después apareció un nuevo desafío. La Fontana había llegado a una meseta y Romina sentía que necesitaba profesionalizar el negocio para volver a crecer.
A fines de 2025 ingresó al Programa Acelerador de Ecommerce (PAE) de Ecodiem y Everest Media con una facturación online promedio cercana a los USD 50.000 mensuales. Después de meses de capacitación, reorganización del equipo y trabajo sobre Meta Ads, contenido, email marketing, finanzas y estrategia, la marca logró alcanzar aproximadamente USD 100.000 mensuales.
La Fontana no solo duplicó la facturación de su tienda online. Consiguió hacerlo con prácticamente el mismo equipo y de una manera mucho más ordenada, previsible y sostenible.
Antes de emprender, Romina trabajaba en un banco. Es licenciada en Marketing y siempre había sentido una conexión especial con la decoración y las telas. Hasta que un día decidió dejar su trabajo y abrir un pequeño local.
No hubo un gran plan detrás de la decisión. Había, en cambio, una personalidad muy marcada por la ejecución.
“A mí se me ocurre algo y lo pongo en marcha al toque. Quiero algo y hasta que no lo consigo, no paro.”
Romina | Fundadora de La Fontana
La Fontana comenzó fabricando cortinas de baño en patchwork. Incluso el nombre nació en una etapa anterior, cuando Romina hacía fuentes de agua. Pero su verdadera intención siempre fue desarrollar productos propios.
Durante años trabajó buscando bordadoras, talleres y proveedores capaces de materializar exactamente lo que tenía en mente. Quería acolchados confeccionados artesanalmente, puntillas diferentes y estampas propias. Esa búsqueda sigue definiendo a La Fontana hoy: detrás de sus productos existe un proceso manual de armado y confección y, desde hace algunos años, Romina incluso importa sus propias puntillas para diferenciar todavía más los diseños.
El objetivo siempre fue el mismo: crear algo que el cliente no pudiera encontrar fácilmente en cualquier otra tienda.
La pandemia y el nacimiento de “la chica que hace la cama”
Cuando llegó 2020, el negocio recibió uno de los golpes más difíciles de su historia.
“En la pandemia dije: ‘Bueno, me fundí’. Me cerraron el local, me fundí.”
Romina | Fundadora de La Fontana
Romina llevó el negocio a su casa y tuvo que encontrar una nueva forma de vender. Hasta entonces prácticamente no había trabajado las redes sociales, pero comenzó a capacitarse en marketing digital y decidió exponerse frente a cámara.
Su primera gran herramienta fueron los vivos de Instagram.
No había grandes producciones. Romina aparecía desde su casa, hacía una cama, mostraba los productos y explicaba cómo combinarlos. Al principio ponerse frente a cámara le costaba muchísimo, pero la necesidad de sostener el negocio terminó siendo más fuerte que la vergüenza.
Con la repetición, los contenidos comenzaron a crecer orgánicamente, algunos se viralizaron y La Fontana desarrolló una comunidad que no solamente quería comprar productos: encontraba inspiración en la forma en que Romina transformaba los espacios.
De allí surgió “la chica que hace la cama” y una propuesta que terminaría siendo fundamental para la marca: ayudar a las personas a construir en su propia casa un espacio de calma, serenidad y bienestar.
La Fontana había encontrado una identidad muy poderosa. El siguiente desafío sería construir un sistema comercial capaz de acompañarla.
Entre 2020 y 2025, La Fontana continuó creciendo. Romina lanzó nuevos productos, siguió capacitándose y construyó una presencia digital muy fuerte. Pero llegó un momento en el que la facturación dejó de evolucionar al ritmo que esperaba.
Trabajaba muchísimo y continuaba involucrada en prácticamente todas las áreas. La comunidad respondía y la marca tenía potencial, pero los números mostraban una meseta.
Antes de ingresar al Programa Acelerador de Ecommerce, La Fontana se encontraba en este escenario:
Romina decidió hacer ese cambio prácticamente de una vez: revisó la web, replanteó el trabajo con la agencia y salió a buscar formación.
Así llegó al PAE de Ecodiem y Everest Media.
Una de las características del programa que más valor encontró Romina fue la posibilidad de trabajar diferentes áreas del negocio con especialistas específicos: Meta Ads, email marketing, tienda, finanzas, contenido y estrategia.
Pero tomó una decisión fundamental: no concentrar todo ese conocimiento en ella.
Distribuyó las capacitaciones entre las integrantes del equipo. Cada una comenzó a profundizar en un área y después llevaba ese aprendizaje a la operación cotidiana.
“Capacité con ustedes a todo mi equipo. No es que me capacité yo sola.”
Romina | Fundadora de La Fontana
Ese cambio le permitió comenzar a salir progresivamente de tareas en las que ya no necesitaba estar involucrada personalmente y concentrarse en aquellas donde podía generar mayor impacto: desarrollar productos, crear contenido y continuar siendo la cara de La Fontana.
También empezó a ordenar su agenda. Definió momentos específicos para grabar, separó el contenido destinado al feed del contenido pensado para pauta y organizó mejor los espacios dedicados al desarrollo de nuevos productos.
La profesionalización dejó de depender exclusivamente de la fundadora y empezó a extenderse hacia toda la empresa.
Uno de los mayores descubrimientos del proceso fue Meta Ads.
Hasta ese momento, Romina tenía una idea muy clara sobre cómo debía comunicar La Fontana: inspirar, mostrar ambientes y vender sin que la audiencia sintiera que constantemente le estaban intentando vender algo.
Esa estrategia había sido fundamental para construir la comunidad y no necesitaba desaparecer. Pero el PAE le permitió entender que el contenido orgánico y el contenido publicitario podían cumplir objetivos diferentes.
“Yo siempre el contenido que hice fue vender sin vender. El ir a vender, el ir al hueso, el cortito, todo ese contenido lo aprendí con ustedes.”
Romina | Fundadora de La Fontana
Comenzó entonces a desarrollar piezas específicas para publicidad: videos más directos, promociones, cuotas, explicaciones concretas de los productos y creatividades diseñadas para convertir.
Al principio pensaba que nunca haría ese tipo de contenido.
Después comprobó que funcionaba.
Pero el aprendizaje fue más profundo. Romina empezó a entender cómo testear piezas, interpretar resultados y decidir cuándo aumentar o reducir la inversión. Meta dejó de ser algo que simplemente delegaba para convertirse en una herramienta que podía comprender y controlar.
Para ella, adquirir ese conocimiento significó algo muy concreto:
“Ahora tenés poder. Porque ahora yo sé.”
Romina | Fundadora de La Fontana
El proceso también permitió profundizar una oportunidad que ya estaba presente en la esencia de La Fontana.
Romina no vendía solamente acolchados o textiles. En sus contenidos llevaba años mostrando cómo transformar un ambiente completo.
Esa lógica comenzó a trasladarse cada vez más a la estrategia comercial. Una persona podía llegar buscando un acolchado, pero también encontrar cortinas, almohadones, veladores y otros elementos que formaban parte de la misma ambientación.
El objetivo era incrementar el ticket promedio sin forzar una venta adicional, sino ayudando al cliente a recrear el espacio completo que veía en los contenidos.
A eso se sumó el potencial de email marketing y las automatizaciones. Si La Fontana conoce qué producto compró una persona, puede continuar la relación posteriormente ofreciendo elementos complementarios.
La compra deja de ser el final del recorrido para convertirse en el comienzo de una nueva oportunidad de relación con el cliente.
El crecimiento no ocurrió de un día para el otro.
La Fontana tuvo un primer salto importante durante Cyber, cuando llegó a duplicar la facturación respecto del mes anterior. Después, en lugar de intentar sostener artificialmente aquel pico, el equipo continuó trabajando sobre el sistema.
Mes a mes, los números fueron creciendo de manera más gradual y ordenada hasta alcanzar un promedio cercano a los USD 100.000 mensuales.
Después del PAE, La Fontana logró:
Romina resume la nueva realidad con una frase muy gráfica:
“Estamos en un Hot Sale constante.”
Romina | Fundadora de La Fontana
Uno de los mejores ejemplos de la transformación ocurrió cuando Romina tuvo que viajar a China para trabajar con proveedores muy cerca de Hot Sale.
Tiempo atrás, alejarse de la operación en un momento comercial tan importante habría significado estar permanentemente pendiente del negocio. Esta vez fue diferente.
Antes de viajar dejó preparados los videos, las campañas, los contenidos y los materiales necesarios. El equipo conocía sus responsabilidades y la estrategia estaba organizada con anticipación.
“Yo tenía todo. Estaba todo armado, todo sincronizado.”
Romina | Fundadora de La Fontana
Ese momento sintetiza buena parte de lo que cambió.
Romina llegó al Programa Acelerador de Ecommerce de Ecodiem y Everest Media con una marca reconocida, una comunidad consolidada y una tienda online que ya facturaba alrededor de USD 50.000 mensuales. No necesitaba empezar de cero. Necesitaba ordenar, profesionalizar y desarrollar las capacidades necesarias para alcanzar el siguiente nivel.
El trabajo sobre Meta Ads, contenido, email marketing, finanzas, planificación y capacitación del equipo permitió llevar la facturación de la tienda online hasta aproximadamente USD 100.000 mensuales, sin tener que duplicar la estructura para conseguirlo.
Y para Romina hay una condición indispensable detrás de ese resultado:
“Siempre depende de uno. Ustedes acompañan muy bien el crecimiento. No es que podés crecer: crecés si acompañás la capacitación.”
Romina | Fundadora de La Fontana
Hoy sigue creando productos, haciendo ambientaciones y apareciendo frente a su comunidad. Sigue siendo “la chica que hace la cama”.
La diferencia es que detrás de esa cara visible ahora existe una empresa más ordenada, un equipo más capacitado y un sistema preparado para acompañar el crecimiento.
Porque el gran salto de La Fontana no fue solamente pasar de USD 50.000 a USD 100.000 por mes y duplicar la facturación de su tienda online.
Fue aprender a crecer sin duplicar el caos.